Constante, eterna, permanente, inseparable. Una sombra que no te deja en paz, porque eso hacen las sombras, te persiguen hasta las infinidades de la vida. Puede que por un breve instante olvides su presencia, pero el tiempo mismo no tardará en recordarte que allí está ella, tan nociva y amenazante como siempre. Tal vez consigas respirar en calma por algunos momentos pero eso no asegura el bienestar en lo más mínimo porque, querido amigo, no naciste para ello. En cuanto dibujes una sonrisa verídica en tu rostro, la sombra se va a abalanzar sobre vos y con su opacidad va a limpiar todo rastro de claridad que destelle en tus ojos.
Vas a reír, vas a sentir, incluso vas a permitirte una mínima alegría pasajera que, sin embargo, no va a ser más que una ilusión, porque tu tan eficaz sombra se va a encargar de envolverte en ese halo negro al que te tiene tan acostumbrado, al menos hasta que las ganas reales de estar bien te lleven a descubrir que no es la sombra quien te sigue sino que sos vos el que la seguís a ella.
No hay comentarios.:
Publicar un comentario